Bolivia despide a las almas de los difuntos en Todos Santos

En Bolivia, los cementerios recibirán a una gran cantidad de visitantes el 2 de noviembre, Día de Difuntos, para la tradicional despedida de las almas.
Aunque el feriado de 2025 se traslada al lunes 3 de noviembre, la afluencia de personas en los cementerios será alta durante el domingo 2.
En Bolivia, la tradición de Todos Santos (1 de noviembre) y el Día de Difuntos (2 de noviembre) es una celebración profundamente arraigada, donde las familias se preparan para recibir y luego despedir las almas de sus seres queridos. Los cementerios se convierten en el punto focal de la actividad el 2 de noviembre, coincidiendo con la despedida de las almas al mediodía.
Miles de bolivianos acuden a los cementerios para visitar las tumbas de sus seres queridos, llevando flores y, en muchos casos, comida y ofrendas.
El 2 de noviembre, al mediodía, se realiza la tradicional despedida de las almas. Las familias se congregan en los cementerios para que, mediante cantos, rezos y el compartir de las ofrendas, las almas retornen al cielo hasta el próximo año.
Aunque las «mesas» o altares (conocidos como «mast’akus») se arman tradicionalmente en los hogares el 1 de noviembre, muchas personas llevan parte de estas ofrendas a los cementerios. Estas incluyen panes con forma humana («tantawawas»), dulces, frutas, y platillos que gustaban al difunto.
Es común que las familias recen por las almas de los fallecidos y, en algunas regiones, contraten grupos musicales (como mariachis) para interpretar las canciones favoritas de sus seres queridos como parte de la despedida.
La jornada se caracteriza por una mezcla de emociones, donde las lágrimas y los recuerdos se entrelazan con sonrisas, creando un ambiente de reencuentro entre la vida y la muerte.
Las autoridades municipales suelen implementar restricciones, como la prohibición del consumo y venta de bebidas alcohólicas dentro y en el perímetro de los cementerios.
Se despliegan operativos de seguridad ciudadana, bomberos y personal de salud para garantizar la seguridad de los visitantes. También se regula el tráfico y el transporte en las zonas aledañas.
En el amanecer de este sábado 1 de noviembre, Bolivia detiene su ritmo para abrir las puertas del corazón y de los hogares a quienes partieron al otro mundo.
La festividad de Todos los Santos, una de las tradiciones más arraigadas del país, reúne a las familias en torno a mesas llenas de masitas, panes, flores y velas que alumbran el reencuentro espiritual con los difuntos que, según la creencia, regresan por unas horas a compartir con los vivos.
Desde días previos, los mercados se llenaron de movimiento. Madres, hijos y abuelos se mezclaron entre los aromas del anís y la canela, comprando los insumos para preparar las tradicionales t’antawawas, bizcochos y panes en forma de escaleras o cruces, símbolos del viaje de las almas.
En los hogares, las mesas se levantan con cariño: agua para calmar la sed del espíritu, frutas, cañas de azúcar, y fotografías que evocan memorias imborrables.
Durante toda la jornada, las familias reciben a amigos y vecinos que llegan a orar y compartir. Al día siguiente, 2 de noviembre, los creyentes despiden al alma entre rezos, música o serenatas, en los cementerios o frente al altar familiar, agradeciendo su visita y pidiendo por su eterno descanso.
Así, entre rezos, lágrimas y sonrisas, la vida y la muerte se abrazan por un instante en Bolivia. Todos Santos renueva el vínculo con los que ya no están, recordando que mientras haya memoria, ninguna alma se va del todo.



