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ANALISIS: Bolivia no ha superado su condición de país pobre

La Paz / Cochabamba, 29 de noviembre de 2025 — En Bolivia la pobreza estructural sigue siendo la realidad — la informalidad, la inflación y la devaluación profundizan la crisis social.

En medio de anuncios oficiales de reducción de pobreza basados en datos del censo reciente, la realidad vivida por amplios sectores de la población boliviana demuestra que la crisis social no solo persiste, sino que amenaza con agravarse.

El fenómeno de la pobreza estructural —evidenciado en elevados niveles de pobreza multidimensional— sigue afectando a gran parte de la ciudadanía, poniendo en evidencia la fragilidad de los avances reportados.

Reducir la pobreza a meros números de registro —sin abordar las causas estructurales— es una ilusión peligrosa.

La realidad demuestra que muchos bolivianos siguen viviendo en situación de vulnerabilidad: empleos informales, ingresos bajos, falta de servicios básicos, viviendas indignas, educación precaria.

Mientras la informalidad laboral persista, mientras los salarios no alcancen la canasta básica, mientras no exista acceso universal y digno a salud, vivienda, educación y servicios públicos, Bolivia seguirá siendo un país pobre —aunque las estadísticas busquen mostrar lo contrario.

La única forma de romper ese círculo es con políticas estructurales que promuevan empleo formal, inversión educativa, vivienda digna, protección social real y un modelo económico que garantice estabilidad y desarrollo.

Según un estudio académico de 2025, los principales factores que inciden en la pobreza multidimensional en Bolivia son: el trabajo informal, los bajos niveles educativos y las condiciones inadecuadas de vivienda.

La informalidad laboral no solo perpetúa empleos precarios y bajos ingresos, sino que impide el acceso a seguridad social, servicios básicos, estabilidad económica y oportunidades reales de movilidad social.

A ello se suma la inflación —que en los últimos años ha golpeado duramente la canasta básica— y la depreciación de la moneda nacional, factores que erosionan el poder adquisitivo de hogares con ingresos bajos o variables, incrementando la vulnerabilidad.

En tal contexto, muchos hogares quedan al margen de protección ante una crisis de precios, mientras el empleo informal y precario sigue siendo la norma para una mayoría.

⚠️ Divergencia entre cifras oficiales y percepción ciudadana — ¿qué confianza inspira lo que se reporta?

El reciente censo de 2024 del Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó una reducción del número de personas en situación de pobreza estructural: de 4.373.000 a 3.252.000 entre 2012 y 2024.

Pero esta caída en los registros no se traduce en una mejoría real y generalizada: muchas familias que salen de las estadísticas siguen enfrentando carencias graves en salud, servicios, educación, acceso a empleo formal y seguridad económica —especialmente en zonas urbanas vulnerables, pueblos indígenas, mujeres y sectores históricamente marginados.

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