PARTIDOS POLÍTICOS

La economía se desmorona mientras el gobierno se pierde en peleas internas y discursos vacíos

Bolivia vive un momento límite. Los precios suben, el salario no alcanza, el empleo se desploma, el contrabando se desborda y la inflación golpea la mesa de cada familia, mientras el gobierno insiste en un relato que ya nadie cree. Para la población, “la estabilidad” que el oficialismo repite no se ve en ningún mercado del país.

En los centros de abasto, el pan ya cuesta 1 boliviano, cuatro tomates llegan a 10 bolivianos, la leche sube hasta 10 bolivianos, el aceite se mantiene entre 20 y 23, y la canasta mínima roza los 80 bolivianos. No hay control, no hay política económica coherente, y no hay autoridad que dé respuestas. Lo que sí hay es malestar social acumulado.

Un gobierno paralizado y sin liderazgo económico:  Mientras la economía real se deteriora, el gobierno aparece atrapado en su propia crisis interna, dedicado a pelear por cargos, cuotas de poder y lealtades partidarias. La gestión pública está secuestrada por intereses políticos, no por las necesidades de la gente.

Las familias bolivianas sienten que el Ejecutivo ha perdido el control del aparato económico:  No controla el contrabando. No garantiza el suministro de combustibles. No estabiliza los precios.  No impulsa la producción. No protege el empleo.

La percepción ciudadana es clara: se gobierna con discursos, no con decisiones.

La realidad que golpea al país: filas, desabastecimiento y economía informal desbordada

El país observa filas interminables en los surtidores, comerciantes que denuncian que los mayoristas desvían productos a países vecinos, y una actividad informal que crece porque el empleo formal se ha derrumbado.

Cada día aparecen más carretilleros, más venta callejera, más desesperación económica.

Las amas de casa, los transportistas, los productores, los comerciantes y los trabajadores sienten que no existe un timón económico, solo excusas.Bolivia vive un momento límite. Los precios suben, el salario no alcanza, el empleo se desploma, el contrabando se desborda y la inflación golpea la mesa de cada familia, mientras el gobierno insiste en un relato que ya nadie cree. Para la población, “la estabilidad” que el oficialismo repite no se ve en ningún mercado del país.

En los centros de abasto, el pan ya cuesta 1 boliviano, cuatro tomates llegan a 10 bolivianos, la leche sube hasta 10 bolivianos, el aceite se mantiene entre 20 y 23, y la canasta mínima roza los 80 bolivianos. No hay control, no hay política económica coherente, y no hay autoridad que dé respuestas. Lo que sí hay es malestar social acumulado.

Un gobierno paralizado y sin liderazgo económico:  Mientras la economía real se deteriora, el gobierno aparece atrapado en su propia crisis interna, dedicado a pelear por cargos, cuotas de poder y lealtades partidarias. La gestión pública está secuestrada por intereses políticos, no por las necesidades de la gente.

Las familias bolivianas sienten que el Ejecutivo ha perdido el control del aparato económico:  No controla el contrabando. No garantiza el suministro de combustibles. No estabiliza los precios.  No impulsa la producción. No protege el empleo.

La percepción ciudadana es clara: se gobierna con discursos, no con decisiones.

La realidad que golpea al país: filas, desabastecimiento y economía informal desbordada

El país observa filas interminables en los surtidores, comerciantes que denuncian que los mayoristas desvían productos a países vecinos, y una actividad informal que crece porque el empleo formal se ha derrumbado.

Cada día aparecen más carretilleros, más venta callejera, más desesperación económica.

Las amas de casa, los transportistas, los productores, los comerciantes y los trabajadores sienten que no existe un timón económico, solo excusas.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba